Llegar hasta aquí, conlleva todo un proceso interior y dar una serie de pasos que pueden hacernos avanzar hacia caminos que, en un principio, no imaginábamos. Sea como fuere, aquí estamos y esto es lo que proponemos.
Mi nombre es Ana Almenara y trabajo coordinando proyectos y apoyando a personas con discapacidad intelectual o del desarrollo y a sus familias desde hace más de once años.
Apoyar implica dotar a las personas de recursos y estrategias para promover su desarrollo, educación, intereses y bienestar personal y favorecer a su funcionamiento individual. Supone hacer de puente entre la persona y el entorno, y promover su autonomía e independencia en la realización de su proyecto de vida.
Al apoyar a personas, lo primero que tenemos en cuenta es conocerlas de verdad, saber cuáles son sus sueños y sus metas, con que apoyos cuentan en su entorno. Escucharlas activamente desde un rol de acompañamiento y no desde un rol de profesional experto. A raíz de ese proceso se establecen líneas de intervención consensuadas periódicamente con la persona. A partir de ahí, hacemos incidencia en el entorno más cercano, en la comunidad, definido por los gustos y preferencias de las personas. Se intenta promover comunidades más accesibles y que llegue un momento en que las personas con discapacidad intelectual no requieran de apoyos profesionales y que estos se den de manera natural en el entorno.
Trabajar desde este método, implica todo un proceso de cambio a la hora de intervenir como un miembro más de una red de apoyo y no como una profesional que sabe siempre lo que la persona tiene que hacer y decide por ella. Supone sentirse miembro de una comunidad y contribuir a una sociedad más justa, igualitaria y donde se cumplan los derechos de todos y todas.
Trabajar desde este método, implica todo un proceso de cambio a la hora de intervenir como un miembro más de una red de apoyo y no como una profesional que sabe siempre lo que la persona tiene que hacer y decide por ella. Supone sentirse miembro de una comunidad y contribuir a una sociedad más justa, igualitaria y donde se cumplan los derechos de todos y todas.

Soy Tamara Blasco, entrenadora de fútbol. Antes de comenzar este proyecto, no tenía más experiencia que la de la vida. A medida que comenzó el interés y se hacía más real la opción de crear un equipo inclusivo, empecé mi proceso de deconstrucción y formación. De esta manera y con el contacto directo, he desarrollado mucho más mi capacidad de generar empatía, aceptación de los propios errores y disciplina enfocada al cambio.
Tanto este grupo de trabajo como el equipo, me dan mucho más de lo que puedo aportar. Cada conversación, cada entrenamiento y cada momento pasado con estas personas, no son más que aprendizajes que suponen crecimiento personal.
¿Cuál es mi reto? Convertirme en la persona que quiero ser y seguir formando parte de este movimiento que hemos impulsado con la finalidad de hacer de este mundo, un mundo mejor.
Me llamo Gabriela Barrera. Soy diseñadora gráfica, entrenadora y jugadora de fútbol. Mi experiencia con la discapacidad viene dada desde el colegio. En esa etapa de mi vida, tuve la suerte de compartir clase con una compañera con discapacidad intelectual.
En ese período en la educación pude suprimir esa estigmatización que tiene este colectivo. ¿Cómo? Comprobando que tiene las mismas capacidades de tomas de decisiones, implicaciones y responsabilidades.
A día de hoy siento que hay que seguir deconstruyendo para construir, promover, fomentar la sensibilización social sobre sus derechos, necesidades e interés. Por ello, hay que seguir formando en el cual me incluyo y, con proyectos como este, siento que se puede.


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