UNA PASIÓN
Me preguntan estos días qué me
llevó a estudiar Trabajo Social y por qué empecé a trabajar con personas con
discapacidad. Me gustaría relatar una historia sobre vocación, señales, puntos
de inflexión y demás circunstancias cargadas de emoción. Pero no es el caso, es
un relato de casualidades, descartes y racionalidad. Esta versión me gusta
mucho más.
Comencé a formarme y a trabajar
en una profesión que, a priori, no me entusiasmaba y se convirtió poco a poco
en una pasión. Y lo que parece que me puede debilitar para hacerlo porque incluye
emoción, empatía e intensidad, me hizo ajustar mucho más los apoyos que doy
para que las personas con discapacidad cumplan sueños y metas. Porque entendí
que ya no era una profesional experta que da pautas, sino un apoyo que acompaña
a personas para que puedan desarrollar sus proyectos de vida.
Y en el camino me encuentro con
otra pasión, el deporte. Una pasión que nunca había sido mi fuerte ni mi
elección, pero que aprendí a vivirla y disfrutarla a través de otros y otras. Y
me sumerjo de lleno en un proyecto que lo que pretende es que todos y todas
podamos disfrutar de la práctica deportiva. Descubro, en el proceso, que el
deporte es un elemento clave para crear comunidades más inclusivas, que el
disfrute y el ocio se fusiona perfectamente con la visibilización y la sensibilización.
Que media hora compartida en un campo de futbol es mil veces más eficaz para la
inclusión real que un discurso de horas del mejor profesional.
Comentarios
Publicar un comentario