PRISIÓN, DISCAPACIDAD Y DEPORTE
El deporte genera inclusión en
un lugar hostil donde las personas más vulnerables se ven forzadas a escalar
sin arnés.
Hace cerca de un año, un educador
y una educadora de uno de los módulos del centro, empezaron a desarrollar un
taller de hábitos saludables destinado a internos con trastorno de salud
mental, discapacidad intelectual y otros tantos que pudieran tener el rol de
apoyo y convertir esta iniciativa, en una actividad deportiva inclusiva.
“Los educadores y educadoras
pensamos que a través del deporte podríamos crear un espacio donde mejorar su
vida, a nivel físico y mental, dentro del centro penitenciario. Nos pareció
importante también que tuvieran la posibilidad de elegir qué deporte, dentro de
las posibilidades, querían practicar.” Esto nos cuentan los profesionales
encargados de dinamizar la actividad, que se realiza una vez por semana en uno
de los polideportivos del centro.
“Para nosotros ha sido una
experiencia muy gratificante, los chicos están esperando a que llegue el jueves
por la tarde, para salir del módulo y acudir a la actividad. Estamos muy
contentos de que esta pequeña iniciativa pueda servir para que ellos se sientan
un poco mejor.”
Realizar actividades como esta en
un entorno tan hostil, es un elemento innovador y potente para generar
inclusión. “Dentro de las limitaciones que podemos tener en el interior de un
centro penitenciario para realizar cualquier tipo de actividades, intentamos
desarrollarlas de la mejor manera posible, gracias también a entidades externas
que desarrollan programas específicos como Afes Salud Mental o Plena Inclusión
Canarias. Sería importante tener más personal especializado que pudiera
trabajar con ellos de manera más individualizada y, así, poder practicar
deporte con los apoyos que necesitan.”
Dentro del taller se realizan
diferentes modalidades deportivas, según las preferencias de los participantes.
Los profesionales que los coordinan, afirman que “desconectar y salir del
módulo, del día a día que viven, les hace sentir mejor, se liberan. Juegan al
futbol, baloncesto, corren...Es muy importante también, el clima que se genera
entre ellos, hablan de sus inquietudes y también las comparten con nosotros. En
definitiva, es un espacio donde pueden respirar y evadirse de la realidad del
Módulo.”
Uno de los internos con
discapacidad intelectual nos cuenta su experiencia al participar en este
taller. “Para mí es muy importante porque cuando voy no me quedo en el patio
aburrido y sin hacer nada. Salir del módulo y desconectar me da vida.” Desde
pequeño ha jugado al fútbol en los centros en los que ha estado y le gusta
seguir haciéndolo aquí. “No solo hacemos deporte, sino que hablamos, hay
compañerismo y nos llevamos bien. Cuando
estoy en el taller parece que no estoy dentro del centro penitenciario, sino que
estoy en la plaza de mi barrio jugando con mis amigos.”
Con el objetivo de hacer el
taller más inclusivo y diverso, también acuden a el, internos sin discapacidad.
Uno de ellos ha sido monitor de deporte adaptado y comenta que poder estar en
el grupo con ellos ha sido una experiencia increíble. “No se trata solamente de
hacer deporte, nos apoyamos unos a otros, se crea complicidad. Romper la rutina
de prisión tiene muchos beneficios. Para mí, ha sido una experiencia muy
positiva. Aquí compartes espacio con realidades que no has visto nunca y
aprendes a apoyarlos”. Afirma que son una familia, que el hecho de apoyarles y
darles voz, darle un sentido a su estancia en el centro, es enriquecedor.
Observarles jugar al fútbol o al
baloncesto, como si estuvieran en cualquier espacio comunitario disfrutando del
deporte, es motivador. Iniciativas como esta, donde las personas no están
separadas por sus características sino unidas por sus pasiones, son referentes
en el camino para crear entornos más inclusivos donde todos y todas tengamos
cabida.
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