¿Es necesaria la competición a edades tempranas o lo es la integración individual para un posterior desarrollo social?
Los clubes de fútbol, se fundan bajo un objetivo claro: competir
¿Es necesaria la competición a edades tempranas o lo es la integración individual para un posterior desarrollo social?
Tecnifíca – T se crea bajo la premisa de dotar a cada futbolista, de habilidades y estrategias para su óptimo desarrollo deportivo y vital, con independencia del factor competitivo que marca, con ayuda de un calendario, las destrezas del grupo. Uno de los puntos fundamentales a la hora de desarrollar el proyecto, fue la confianza plena en la necesidad de fomentar la inclusión de niños y niñas con discapacidad. El deporte debe ser un espacio disponible para ser ocupado por cualquier persona interesada en formar parte de la actividad. La formación básica futbolística y humana con un sentido lúdico mediante la práctica del fútbol a través de una metodología de educación integral, será su identidad diferencial frente a otros tipos de clubes, escuelas o academias.
Padres y madres, se acercan a la Escuela con diferentes expectativas. Conocer lo que esperan al dejar a sus hijos e hijas en manos de otras personas, es fundamental para el desarrollo de la mejora continua. Cuando sumamos a la ecuación la discapacidad, las expectativas se le unen miedos inevitables.
Un padre de un niño de la escuela con discapacidad visual relata que no pensaba meterlo en ningún equipo precisamente por ese motivo. “Él sí quería, pero yo no lo veía claro. Que estuviera practicando deporte con otros niños y niñas sin discapacidad era un riesgo que no quería correr, me infundía respeto. Al conocer esta Escuela, de forma casual, me ilusioné porque sí vi factible un lugar de aprendizaje futbolístico, donde tuviera su primer contacto con la técnica y los fundamentos básicos de este deporte”. Hasta ahora, no han encontrado barreras, precisamente por no querer que participe en un equipo por si el nivel de exigencia es muy alto, pero sí saben de otros casos que sí han encontrado obstáculos.
Al preguntarle por los posibles beneficios que puede tener su hijo al practicar deporte inclusivo, nos comenta que él puede sentir que pertenece a algo, aporta sentido a su vida y cubre una necesidad. “Se ilusiona, se emociona y su madre y yo nos ilusionamos con él. Le viene muy bien, le genera confianza y se siente realizado. Está contento con sus compañeros y compañeras y aquí hay una oportunidad de aprender valores que en otro club no se encuentra.” Además, refiere que dentro de la Escuela su hijo no necesita ningún apoyo extra. “Aprende de todos y todas, cada uno y cada una a su ritmo, está en sintonía con el resto y no es necesario que tenga una atención diferente o especial “
Otra madre de una de las niñas de la escuela con discapacidad sensorial comenta que buscaba una práctica deportiva fuera del ámbito escolar para utilizarla como una herramienta relacional con niños y niñas de diferentes edades. “Lo más positivo es que se relaciona con compañeros y compañeras de diferentes lugares y edades, fuera de su entorno más cercano y bajo la premisa de la diversión trabajando aspectos en los que, por su discapacidad, entraña dificultad, como la coordinación y la atención”.
A su vez, identifica alguna dificultad añadida, como por ejemplo el uso de la mascarilla y que en ocasiones requiere de algún apoyo extra por parte de las entrenadoras para tareas concretas.
En su opinión, existe, además, una serie de beneficios para el resto de los niños y niñas. “Vemos que hay una oportunidad para ellos y ellas de aprender a relacionarse dentro de un entorno donde reina la diversidad.”
Estas personas, integrantes ya de
la Escuela, nos han revelado sus inquietudes y recelos a la hora de que sus
hijos e hijas participen en actividades deportivas inclusivas. Pero, sobre todo,
nos han contado cómo superar barreras a través del deporte y cómo, en entornos
que cuentan con los apoyos adecuados, es posible que niños y niñas puedan
practicar deporte sean cuáles sean sus características. ¿Y si extrapolamos esta
idea a la comunidad? ¿Y si todos y todas compartimos los mismos espacios? ¿Y si
convivimos con la diversidad desde pequeños y pequeñas de tal manera que no
veamos las diferencias sino las cosas que nos unen? Debemos poner en valor la
diferencia, porque es ella la que nos une, la que nos aporta, la que, en
definitiva, hace de nuestras vidas, una vida plena.
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