Más allá de refranes, dimes y diretes, lo que aprendemos por el camino cuando desnudamos nuestras almas, elimina etiquetas y barreras.
Dos personas que no se conocían de nada, pero que el día a día unió, supieron enlazar sus pasiones y profesiones, ensamblarlas a la perfección y despojar de marcas a todas esas personas a las que el mundo, desde su ignorancia e incomprensión, hacen a un lado en lugar de acompañar en su tránsito vital. Un acompañamiento que no es más que una retroalimentación donde la vida cobra el mayor de los sentidos, porque qué es vivir sino disfrutar del camino y las experiencias compartidas con otras personas.
En esos pensamientos andábamos cuando descubrimos que la utilización de herramientas para allanar el camino, las teníamos en nuestras propias manos y extremadamente cerca como para que pasaran inadvertidas. Fue así como, en medio de una sencilla conversación, comenzamos a pensar en la misma dirección y descubrimos que el deporte, no solamente es un recurso más, sino esa herramienta con gran potencial, que haría que el mensaje que queríamos lanzar al mundo, llegara, se quedara y penetrara en las mentes de quiénes quisieran compartir con nosotras, ese tiempo de vida que terminaría siendo tiempo de aprendizaje.
Un equipo de fútbol Inclusivo, donde personas con y sin discapacidad, a través del deporte, comparten espacio para desarrollar una actividad al tiempo que aprenden una gran lección: juntos y juntas, somos más fuertes. Han disputado partidos contra equipos federados en una liga donde se les prometió entrar, contra Juventudes Socialistas de La Laguna, colegio Nuryana donde cobra especial importancia la educación de la mirada de los y las jóvenes hacia la diversidad, y con otras instituciones como la Fundación Don Bosco o Buen Samaritano.
El centro penitenciario de Santa Cruz de Tenerife, nos abrió sus puertas para darnos un gran golpe de realidad y poner en relieve que en entornos cerrados y aislados, excluir está tan a la orden del día como importante debe ser la inclusión. Conocimos una Escuela de fútbol, Tecnifíca – T, donde se abraza la diversidad desde edades tempranas para ayudar a los niños y niñas a interiorizar la necesidad de un mundo diverso, igualitario y equitativo. Susana Rodríguez Gacio nos mostró lo poco preparadas que están las ciudades, excluyendo a personas con discapacidad y debilitando, de esta manera, el poder de la masa social ya que si estamos divididos y divididas, no somos ni fuertes ni valientes. Por último, Michelle Alonso, que brazada tras brazada, ha batido récords y ha dejado claro que dividir el deporte entre personas con discapacidad y personas sin, es tan caduco como el sistema feudal.
Quítate la venda, abraza la vida y deja atrás las diferencias. Aquí, lo importante no es lo que tienes, sino lo que eres. Una etiqueta, se elimina. Un abrazo, puede llegar a sentirse toda la vida. Abraza la diferencia.

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