Inclusión o como interiorizar que la vida es algo más que respirar.
Mucho hemos escuchado, opinado y escrito sobre la inclusión, pero pocas veces se muestra tan magistralmente como lo hace David García y su experiencia vital. Tenía todo aquello que una persona joven aspira a conseguir, trabajo, pareja, disfrutaba de sus aficiones y una gran familia. Tenía y tiene porque cuando con veintiséis años le comunicaron que padecía un sarcoma sinovial, nadie dejó que se derrumbara. Amistades, familia y pareja, fueron sus grandes apoyos. Perdió parte de su brazo, pero ganó la dura batalla contra el cáncer y su médico fue su principal valedor, quien lo acompañó en el proceso y quien lo esperó a pie de campo para desearle toda la suerte del mundo en su regreso al arbitraje.
García de la Loma, vivió este fin de semana uno de los momentos más esperados desde que es árbitro: volver a hacer sonar el silbato. Un partido fuera de su categoría, fue el escenario elegido, ¿por qué? Porque para volver bien, hay que volver dando pasos firmes.
Cuando un suceso de estas características y magnitud llega a la vida de cualquier persona, muchas son las opciones que se barajan, los pensamientos y, sobre todo, las emociones. David García optó por la esperanza y por fijarse un objetivo claro, no dejar que una discapacidad fuera una incapacidad. Eso no estaba en su plan de vida y no debería estarlo en el de nadie. Las piedras se saltan, se bordean o se pican, pero nunca deben imposibilitarnos. La actitud de este árbitro puede enseñarnos muchas cosas y no quedarse solamente en una lección de vida. Aún no ha pitado en su categoría y ya se está preparando para las próximas pruebas de 2ª RFEF. La vida, pase lo que pase, sigue. Tu actitud marca la diferencia, una discapacidad no debe provocar cambios en tu plan de vida, no es más que una manera de coger impulso para hacer de cada día, tu día.


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